Invertir sin ambición y/o deseo para vivir en abundancia

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¿Has tirado alguna vez una moneda en una fuente para pedir un deseo?

 

¡Cuántas monedas! ¡WOW! Dejas volar la imaginación, pides y tiras una moneda esperando a que se cumpla. Sin límites.

¿Te imaginas tener una fuente inagotable de deseos y que todos ellos se cumplan?.

Terminarías esclavo de las formas materiales.

Entrarías en un pozo sin fondo donde por más que quisieras salir, te hundirías cada vez más. Un túnel donde verías la luz al final, pero nunca saldrías porque siempre aparecen nuevos deseos que complacer.

¡El deseo es infinito! 

Ese sentimiento de anhelo y posesión de algo genera apego y por tanto limita tu abundancia.

Con el deseo “tienes” un valor imaginario que te aleja de la humildad y la coherencia. 

El deseo es un campo atractor que conduce a querer poseer o dominar por simple ambición. Y por naturaleza humana el deseo no tiene limites. Además, si no se suelta ese deseo obsesivo de “querer” se acaba transformando en codicia y avaricia, y la consecuencia es una inequívoca sensación de ira por no lograr las ambiciones.

Si eres una persona ambiciosa nunca estarás conforme, pues tendrás un deseo insatisfecho de poseer cada vez más objetos y objetivos que te impedirán que seas feliz en tu día a día. La adicción que genera el deseo no puede por definición ser satisfecha pues en la misma frecuencia energética del deseo se encuentra la frustración. Es por ello que cuando algún deseo se alcanza surge sobre la marcha un deseo mayor aún.

Esta rueda viciosa solo puede acabar soltando el objeto de deseo y la energía que lo alimenta.

De hecho, si te mueves en la frecuencia energética del deseo, cuando consigas lo que te propongas siempre querrás ir a por lo siguiente. Cada vez buscarás alcanzar un objetivo todavía más desmedido y difícil de conseguir.

El deseo constante hacia el dinero o cualquier objeto exterior hace que la persona no se sienta nunca satisfecha y, consiga lo que consiga, siempre quiere más. En el nivel del deseo las personas se relacionan con el mundo desde el binomio ganar-perder.

Por tanto el mundo se vive como una competición en el que a veces se gana y otras se pierde. Y la gran paradoja es que de cualquier ganancia surge un nuevo deseo por lo que, por definición, este bucle está condenado a acabar en pérdida, con el consecuente enfado.

Sin embargo, cuando se abandona la motivación de obtener ganancias desde esos campos atractores y te alineas con niveles altos del Mapa de la Conciencia, la vida responde con una generosidad inesperada. Cuando conectas con la verdadera Abundancia ves un mundo de oportunidades y posibilidades de desarrollo y contribución. 

Una abundancia subjetiva que no tiene nada que ver con el atesoramiento o riqueza material al que estamos acostumbrados en el siglo XXI. 

Por lo general, tenemos una falsa percepción sobre la abundancia. Suele asociarse a la riqueza, tener dinero en cantidad (como la del tío Gilito, el pato de Walt Disney), cuando en realidad ese no es el significado de abundancia sino que tiene que ver tan solo con “tener gran cantidad de algo”.

Se puede ser abundante desde unos niveles de conciencia donde el deseo no es la base operativa; y es que, de hecho, precisamente cuanto menos deseo o apegos haya, más abundante se es. 

¿Abrimos el melón? Hablemos de:

  • El origen del deseo
  • Cómo vivir en abundancia: el origen

El origen del deseo

 

El deseo calibra en 125 en la escala del mapa de conciencia del Dr. Hawkins. Los niveles de conciencia por debajo de 200 son negativos. El deseo emana del querer, por lo tanto, te aleja del supuesto logro. Y es que el querer algo implica estar separado de ello, luego te conecta con la escasez. 

El deseo al que nos referimos en este post es el que tiene que ver con la energía que siempre busca la ganancia, la adquisición, el placer, obtener algo que está fuera de uno mismo. Es insaciable, nunca se está satisfecho, nunca es suficiente y se basa en el anhelo.  

Hablamos del deseo que actúa dejándose llevar por impulsos y que domina desde los mensajes de venta de las multinacionales, pasando por las redes sociales, hasta tu intención.

Esos sentimientos, creencias y deseos que algunas personas utilizan para controlar el mundo financiero y a la sociedad. 

Dependiendo del nivel de conciencia una persona puede hacer lo que sea a la hora de actuar en su afán de poseer, dominar y de querer más y más. Esto suele darse en los niveles no amorosos. 

La persona ambiciosa tiene el concepto de que el fin justifica los medios y, por tanto, se relaciona con el mundo desde el “qué tiene para mí” en lugar de relacionarse desde la postura de “qué tengo para compartir”.

Por eso suelen imponer su criterio a los demás y cuando sus expectativas no se ven satisfechas, busca formas más agresivas y menos amorosas para tratar de conseguir su objetivo a costa de lo que sea. 

Quizás tú, si estás aquí, eres de las personas que deseas la paz mundial o la erradicación del hambre, tienes voluntad, cierto optimismo e intención de adquirir más conciencia.

El mundo no es ni bueno ni malo, ni defectuoso, ni realmente existe la supuesta necesidad de que “tenga que cambiar para que se adecúe a mis caprichos”, ya que su apariencia es solo una proyección de la mente de uno mismo.

El origen del deseo parte de tu percepción sobre la escasez y la no abundancia, es decir, de vivir inmerso en la creencia de que vives en un mundo escaso.

Los deseos son sueños transformados en impulsos. Nos acompañan en nuestro propósito de vida. En cualquier caso, incluso cuando estamos dormidos, estos sueños tienen un cierto nivel de conciencia.

Cómo vivir en abundancia

 

La abundancia es un estado del Ser. Cualquier ser vivo nace abundante por naturaleza.

Tener dinero como para vivir siete u ocho vidas no es ser abundante. Es “solamente” ser rico en dinero. Y eso, por encima de ser bueno o malo, parece una opción bastante limitada y miedosa.

Fíjate que ningún ser vivo, excepto el humano, almacena alimentos para muchos años.

Atesoramos las cosechas de los alimentos desde tiempos remotos.

Lo que nos lleva a ese comportamiento es la sensación de escasez. Un miedo generado en el neocórtex, un área evolucionada de la corteza cerebral que nos permite tener consciencia y razonar.

Limitarte a una fuente de recursos y almacenar una cuantía significativa de dinero es un invento relativamente moderno que genera una falsa tranquilidad mental, en base a una expectativa irracional.

Solemos hacernos preguntas que construyen un control de la vida sobre falsas ilusiones.

¿Cuánto vas a vivir? ¿Cuánto vas a necesitar de aquí a X tiempo?

Observemos un par de ejemplos de ‘riqueza material’ y no de ‘abundancia’:

  • La libertad en términos financieros trata de alcanzar un fondo de maniobra de al menos dos años. Si gastas 12.000 € al año, tu libertad financiera la alcanzas cuando tienes almacenado 24.000 €; entonces, ya eres libre financieramente hablando.
  • La abundancia en la jerga de la economía común trata sobre las mediciones propias de la macroeconomía, principalmente el PIB (Producto Interior Bruto) y la renta per cápita.

Para vivir en mayor abundancia se deberían dejar ir los sentimientos de deseo y ascender en la escala de conciencia. Ten algo presente: ya vives en abundancia por el simple hecho de estar con vida.

Conectar con la abundancia natural tiene su proceso, como todo en la vida. Este proceso lo conocemos por la famosa Ley de la Atracción, que es de donde deriva. Aquí te dejo un vídeo donde explicamos por qué no suele funcionar esta Ley Natural y cómo activarla. 

Te anticipo que para vivir en abundancia puedes empezar por agradecer el simple hecho de estar vivo como un regalo.

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